miércoles, 27 de febrero de 2013

skyfall



Este es el final 
Aguante la respiración 
Y contar hasta diez 
Siente la tierra moverse 
y luego 
Escucha mi corazón estalló de nuevo 


domingo, 24 de febrero de 2013

jueves, 31 de enero de 2013

La cosa más insignificante puede cambiarte la vida en un abrir y cerrar de ojos, cuando menos te lo esperas, ocurre algo por casualidad que te embarca en un viaje que no habías planeado rumbo a un futuro jamás imaginado.
Quien sabe a donde te llevara , esa es la aventura de nuestra vida, nuestra busqueda de la luz, pero a veces para encontrar la luz hay que atravesar las mas profundas tinieblas...

Un cuento

Imagínate por un momento...
Estas en mitad de la nada, a tu alrededor, solo hay naturaleza y belleza.
Y con tan solo traspasar una puerta, te adentras en otro mundo más oscuro, donde la música es la voz dominante.
Todo lo sientes mucho más intenso, todo es jodida mente perfecto, tanto que asusta
No sabes distinguir si es un sueño o la realidad...


lunes, 14 de enero de 2013

Fantasía de niña pequeña...

He encontrado mi charca de los deseos...
Dicen... en los cuentos que siempre es un pozo, con ciertas propiedades mágicas..
En mí caso, digamos que voy a poner muuuucha fe  aunque siempre he deseado muchas cosas, ninguna tan fuerte como está. Y por qué no probar suerte ??
Me coloco detrás de la charca cierro los ojos, no hay nadie más alrededor, solo se escucha el sonido del viento moviendo las hojas de los arboles que tiemblan de frió.
Me concentro en mi propósito lo digo en voz alta para realmente creérmelo
Beso la moneda, la tiro hacia atrás con decisión  Me giro y veo las ondas del agua moverse, y hacerse cada vez más y más grandes y luego empiezan a empequeñecerse se vuelve borrosa y termina desapareciendo...
Las cosas más importantes son invisible a los ojos...



Articulo de Angeles Caso


Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.