lunes, 23 de junio de 2014
Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista.
Para complacer a los otros y a mí, he conservado una imagen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espectros enfermizos.
Cada vez que tenía un momento de reposo, me asaltaban las imágenes de mis transformaciones, llevándome al aislamiento. La multiplicidad se lanzaba contra mí. Yo la conjuraba.
Era el desfile de los habitantes desunidos, las sombras de ninguna región.
Ocurría al final que las cosas no eran lo que yo había creído.
Sobre todo, me ha faltado entre los fantasmas aquel que camina sin yo verlo.
Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inmediata.
Hasta entonces.
Rafael Cadenas
domingo, 27 de abril de 2014
Me
encantaría dormir contigo, para recostarme simplemente a tu lado ,
dormir en tu pecho mientras acaricias mi cabello . Me gustaría
perdernos entre la oscuridad de la habitación mientras nos deleitamos
con sentir la piel del otro. Sin la
necesidad de pronunciar palabras alguna mientras disfrutamos del inmenso
silencio que dice tanto y nos llena el alma. Se trata de ser cómplices
de descubrir una nueva manera de hacer el amor sin necesidad del sexo ..
miércoles, 23 de abril de 2014
El hombre puede ser estúpido,pero no pienses que eso es una desgracia.
En la superficie parece que es una desgracia,pero oculta bajo ello hay una gran gloria,un gran esplendor que puede descubrirse.
Pero la sociedad quiere que seas estúpido.Nadie quiere que seas inteligente.
Todos te condicionan para que seas estúpido,las personas estúpidas son obedientes.
Las personas inteligentes empiezan a pensar por su cuenta;empiezan a convertirse en individuos.
Empiezan a tener su propia vida,su estilo de vida,su propia manera de ver,de ser,de crecer.
Ya no forman parte de la masa,no pueden.
La masa no quiere que nadie sea más que la "persona corriente";está en contra de que alguien corriente se vuelva más inteligente,más individual,más consciente,y deje de formar parte de la psicología de la masa.
Hay muchas personas estúpidas.
Tienen un gran poder de su parte,el poder de la violencia...y lo muestran siempre que es necesario.
OSHO
martes, 15 de abril de 2014
Soy descendiente directo del patriarcado que cuenta mentiras.
No tengo respeto por la justicia.
Mutilo sin asesinar.
Rompo corazones y arruino vidas.
Soy astuto y malicioso y acumulo fuerza con la edad.
Cuanto más soy citado, más me creen.
Mis victimas están indefensas.
No pueden protegerse contra mí porque no tengo ni nombre ni rostro.
Localizarme es imposible.
Cuanto más lo intentas, más esquivo soy.
Soy amigo de nadie.
Una vez que mancho una reputación, ya no hay recuperación.
Derribo Personas y destruyo Espacios, Amistades y todo lo que se me cruce.
Arruino carreras y causo noches de insomnio, angustia, e indigestión.
Hago que personas inocentes lloren sobre sus almohadas.
Aparezco en los titulares y provoco dolores de cabeza.
Incluso mi nombre sisea.
Me llaman Chisme.
Antes de que repitas una historia, pregúntate a ti mismo-a:
¿le presto oídos?
¿Es verdad?
¿Es inofensivo?
¿Es necesario?
Si no lo es, ¿por qué repetirlo?
No tengo respeto por la justicia.
Mutilo sin asesinar.
Rompo corazones y arruino vidas.
Soy astuto y malicioso y acumulo fuerza con la edad.
Cuanto más soy citado, más me creen.
Mis victimas están indefensas.
No pueden protegerse contra mí porque no tengo ni nombre ni rostro.
Localizarme es imposible.
Cuanto más lo intentas, más esquivo soy.
Soy amigo de nadie.
Una vez que mancho una reputación, ya no hay recuperación.
Derribo Personas y destruyo Espacios, Amistades y todo lo que se me cruce.
Arruino carreras y causo noches de insomnio, angustia, e indigestión.
Hago que personas inocentes lloren sobre sus almohadas.
Aparezco en los titulares y provoco dolores de cabeza.
Incluso mi nombre sisea.
Me llaman Chisme.
Antes de que repitas una historia, pregúntate a ti mismo-a:
¿le presto oídos?
¿Es verdad?
¿Es inofensivo?
¿Es necesario?
Si no lo es, ¿por qué repetirlo?
sábado, 29 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
La mala costumbre de..
La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.
Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.
Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.
Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.
Y es que…
Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de tener que hacer un máster para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.
Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “buf que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.
Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.
Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.
Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.
Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.
Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.
Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.
Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.
Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.
jueves, 6 de marzo de 2014
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