Si presionas una herida en proceso de curación lo lógico es que se vuelva a abrir. Lo más lógico es que comience a volver a derramar sangre, que se abra de par en par, que notes como en ese espacio casi cerrado vuelva a entrar aire, que sientas cómo vuelven a separarse los diminutos trozos de carne que ya parecían casi haberse terminado de coser, y por consiguiente, que haya que volver a empaparla de fármacos...
Por muy estúpido que suene, mi teoría es que nos gusta reabrir las heridas y soportar las consecuencias porque nos negamos a asimilar que todo vaya a acabarse. Nos negamos a admitir que una vez que la carne se cierre nunca más volverá a reabrirse a no ser que sea con otra herida. Una herida distinta.
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