Cada beso, cada caricia, cada abrazo, cada palabra dicha, cada confesión, cada tontería, cada sonrisa, cada juego, cada lugar, cada pensamiento, cada mentira, cada todo; caían despacio, recorriendo cada espacio y dejando una huella imborrable, sin ser vista, sin palabrerías que pudiesen destruirla, quedando así, para el recuerdo, por y para siempre.
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