En el transcurso de nuestras vidas, las penas, las desilusiones, los desamores, la tristeza y la soledad, son hechos que nos acompañan más que los momentos de felicidad. Y cuando vivimos esos hechos tan amargos es cuando nos desesperamos y pensamos que lo mejor sería morir. Sin embargo, todos los pequeños momentos de felicidad que nos ha otorgado la vida valen la pena en gran manera, y vivir esos momentos intesamente, saborear esa felicidad momentánea y retenerla en lo más profundo de nuestro ser, para cuando la desesperación nos llegue al alma podamos tomar del baúl de los buenos momentos y así aferrarnos a esos buenos tiempos y tener en cuenta que la desesperación que sufrimos hoy se extinguirá al terminar el día.

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