Olvidado quedó el pedazo de divinidad, que en todo hombre
residió un día.
De un tiempo de luz y pureza, de mente y sabiduría, de
espíritu y alma,
Surgió la bestia que al ser amansada por la música llamaba
la profecía,
De encontrar un día la paz interna por mediación de otros,
de encontrar un sentido a la vida por inspiración externa.
La ceguera del mundo pesa sobre sus propios hombros:
La incondicional fe en lo tangible limita hasta al ser más
poderoso; que haya sabiduría.
La inercia en la vida consume al inmortal; que exista metas.
La falta de ilusión derriba al más fuerte; que haya ilusión y
donde no exista, será puesta.
En un mundo donde lo bueno se pierde y lo malo perdura, se
impone la excepción que confirma la regla.
Tan solo la faceta mágica de nuestra existencia que espera ansiosa
al ser desvelada
“Que se muestre al mundo lo que no todos pueden ver”
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