miércoles, 6 de agosto de 2014

Espejo del alma

A los indios nativos americanos se les enseñaba que al nacer cada persona está dotada -por lo menos- con uno de los Cuatro Grandes Poderes: Sabiduría, Inocencia, Iluminación o Introspección. El propósito de la existencia espiritual del ser humano era obtener los Dones restantes y llegar a ser una persona completa.
Las primeras enseñanzas místicas dadas a los niños se referían a la percepción y a la ilusión. Un maestro y un grupo de jóvenes iban a orar y a sentarse en círculo. Cada niño/a describía su observación de la luz sobre una pluma de un águila colocada en el centro de un círculo. Descubrían que hay tantos modos de percibir la pluma como puntos en el círculo. Los niños también aprendían que las percepciones individuales son mucho más complicadas que sólo la posición en el círculo y también que podían ver la pluma de una manera distinta debido a las diferencias individuales en sus sentidos (algunos podían ser hipermétropes o daltónicos, por ejemplo).
A nivel psicológico, cada uno veía y se relacionaba con la pluma de forma única. Uno podía decidir hacer tocados de plumas, otro podía ser alérgico a las plumas y un tercero podía mostrarse indiferente y poco interesado. Mediante este simple ejercicio con el círculo, los indios enseñaban a sus niños que existe un número ilimitado de formas de percibir cualquier cosa. Toda percepción sensorial es ilusoria. Lo que es importante, no es la naturaleza real de lo que se percibe, sino el entendimiento de nuestras percepciones y las de los demás. Este círculo o Rueda de la Medicina, representa el Universo Total y puede ser entendido como el espejo en el que la consciencia del ser humano se refleja.
“El Universo es el Espejo de la Gente y cada persona es un Espejo para otra“, dicen los viejos maestros. Por ello, cada idea, persona y cosa puede ser vista como un espejo que da al ser humano la oportunidad de descubrirse a sí mismo, siempre y cuando éste desee ver su propio reflejo.


Extraido d: Memorias Ancentrales

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